Sapeurs, la terapia de la elegancia

No os cuento nada nuevo si os digo que estamos en crisis -manos a la boca, lágrimas en los ojos, caras de sorpresa- y que, como bien sabéis, es un hecho que nos afecta en todos los ámbitos y por supuesto también en nuestra manera de vestir y nuestros hábitos de consumo. Y como íbamos a hablar de crisis, habíamos pensado hacer este post por medio de fotos a un monitor en el que se viera un texto con lo que os queríamos decir, que por lo visto es lo que se lleva ahora, pero hemos decidido hacerlo a la manera habitual porque necesitábamos un monitor grande y había que poner a cargar la cámara y mira, tenemos ideas muy buenas pero muy mala disposición.

El caso es que, como si de un libro de autoayuda se tratara, estamos aquí para demostraros que algo tan supuestamente frívolo como es la moda, puede ayudarnos en estos tiempos de tinieblas. Y así compramos un billete de avión y mandamos a un reportero al Congo, en concreto a la ciudad de Brazzaville y al distrito de Bacongo. Resulta que no le gestionamos el visado y no puede entrar en el país. Lo dejamos abandonado en el aeropuerto, era un becario y probablemente ni su madre lo eche de menos. Buscamos en internet la información que necesitábamos y no volvemos a hablar nunca más del tema.

En Brazzaville se da lugar un hecho muy curioso; sus habitantes, lejos del cosmopolitismo, la riqueza o la influencia de los grandes medios de comunicación, han optado por la elegancia como método de realización personal. Los denominados Sapeurs, o miembros de la SAPE -Le Societé des Ambianceurs et des Personnes Elégants Guayominí deux points, o para los no francoparlantes, la Sociedad de "los que crean atmósfera" (lo siento pero eso no tiene traducción) y las personas elegantes- nacieron en algún momento de los años 20 de la mano del líder religioso André Grenard Matsoua, residente en París y que introdujo entre sus seguidores la obsesión por la sastrería europea; y han coseguido mantenerse presentes pese a que a finales de los años sesenta, el dictador de la entonces Zaire, Mobutu Sese Seko, intentara imponer a la población el abacost o traje maoísta de tres piezas. Visten piezas de sastrería clásica en colores llamativos, zapatos de cocodrilo traídos de París, corbatas italianas hechas a mano o prendas de grandes diseñadores como Gianfranco Ferré. Son auténticos dandis. No son ricos, no pretenden exhibirse delante de sus paisanos ni demostrar un estatus superior. Son panaderos, ganaderos o carpinteros que simplemente disfrutan vistiendo como el tipo de hombre que quieren ser. No disponen de mil looks con los que hacerse una foto al día cual egobloggers, ni están por la labor de comprar ropa para hacerse fotos y cambiarla luego; lo poco que tienen lo invierten en comprar ropa, calzado y accesorios de calidad con las que seguir su adorado estilo clásico europeo.

Una forma de vivir la moda que llamó la atención del fotógrafo Daniele Tamagni -que llevó el tema al mundo occidental con su libro Gentlemen of Bacongo- y que se está poniendo de moda en campañas de moda de grandes tiendas o vídeos musicales como el último de la hermanísima de Beyoncé, Solange, que fue gracias al cual nuestro querido @eurocero nos informó de este movimiento.

Contraste total con el consumo sin control de occidente en donde, como nos hemos hartado de repetir, confundimos que nos gusten los trapitos con amar la moda. Es gratificante saber que, en un recóndito lugar de África, hay un grupo de hombres que entienden la moda como debe ser, y que la usan para hacer su vida, generalmente complicada, un poco mejor.