Egolecciones: domingo de ciclogénesis

Pese a lo que pudiera parecer, no soy muy dado a las cámaras. (¡Pero trabajas grabando vídeos! ¡sabemos que te encanta!) Bueno, vale, a veces me gusta. Pero últimamente estaba en una de esas fases en las que lo último que te apetece es hacerte fotos y verte. Las razones:

  1. Las Navidades han pasado factura, y donde antes te abrochabas el cinturón en el quinto agujero, ahora necesitas directamente una soga porque nadie fabrica cinturones de tu talla. Y claro, a nadie le gusta verse con unos (mil) kilos de más, que además nos lleva al punto...
  2. No me queda la ropa. Yo siempre he sido un poco más Ana Obregón que rapero de Detroit, y la ropita siempre bien justa. El problema es que cualquier mínima (no tan mínima, Alfredo, no te engañes) oscilación de peso puede desencadenar un drama por el cual solo puedas vestirte con sacos de patatas. Vale, estoy exagerando, pero vosotros me entendéis. Además esto trae una consecuencia que es que...
  3. No tengo dinero para comprarme ropa nueva. O sí, pero me niego a gastarme dinero en ropa porque ahora me voy a poner en forma y claro, en un mes voy a estar como este chico y sería tirar el dinero. Y no está la cosa para tirar el dinero.

Así que asumido que durante unos meses tendría que vivir con un saco de patatas, y unido a que el tiempo no acompaña mucho para hacerse fotos, ha hecho que esta exposición pública tardara en llegar. Pero ya está aquí, ya podéis estar tranquilos. Porque por vosotros soy capaz de salir un domingo lloviendo y con ciclogénesis explosiva a hacerme fotos.

Y a este look me gusta llamarlo: "quién iba a pensar que ese chaquetón que le has robado a tu padre podía ser bastante hipster".


Todas las fotografías: Javier Domínguez

Sí, solo tres fotos, que he tenido que hacer un gif y yo no tengo tanta experiencia como Erea. Así que menos quejarse.